Dr. Jesús M. Hernández Cabrero

Director General del CIMA (Centro de Investigación Médica Aplicada) de la Universidad de Navarra

Dr. Jesús M. Hernández Cabrero

Investigación orientada, Innovación abierta

Europa se enfrenta a importantes retos para poder competir adecuadamente en el escenario económico global. Es necesario recuperar la senda de crecimiento económico que permita crear empleo -especialmente para los jóvenes- para lo que hay que aumentar la competitividad de las empresas en el mercado global, todo ello en el contexto de una sociedad con una población cada vez más envejecida, que demanda acciones mas eficientes y ecológicas sobre el cambio climático y la sostenibilidad energética. El futuro de Europa está unido a su capacidad de innovar. Se sabe que las sociedades que más invierten en I+D dirigido a la innovación han sido capaces de capear más eficazmente la crisis económica que empezó en  2007.

La innovación se refiere a la creación de productos, procesos, servicios de marketing y mejoras organizativas que añadan valor a los mercados, a los gobiernos y a la sociedad. Innovación es el proceso de traducir una idea o invención en un bien o servicio que crea valor, y por el que los clientes estarán dispuestos a pagar. Para ser definida como innovación, una idea debe ser replicable con un coste razonable y debe satisfacer una necesidad específica. La innovación implica el uso sistemático de la información, la imaginación y la iniciativa en derivar valores mayores o diferentes recursos e incluye todos los procesos por el que nuevas ideas se generan y se convierten en productos útiles. Innovación no es sinónimo de investigación, invención o creatividad, por lo que puede haber I+D no innovadora e innovación sin invenciones. La innovación “rompedora”, no obstante suele requerir investigación previa que genere datos nuevos y relevantes.

Sobre este convencimiento, la Comisión Europea ha creado la iniciativa “Innovation Union”, un paquete de medidas para fomentar una Europa más apoyada en la innovación que forma parte de la estrategia Europa 2020 y está orientada a un crecimiento sostenible y competitivo. Esta iniciativa pretende hacer de Europa un líder mundial en ciencia, revolucionando la manera en la que los sectores privado y público trabajan juntos mediante alianzas de innovación, y eliminando los cuellos de botella que dificultan la creación de un mercado interno de competencias, habilidades, patentes, acceso a financiación de capital riesgo y creación de estándares que permitan agilizar la llegada de las ideas al mercado en forma de producto o servicio con valor añadido. Horizonte 2020 es el instrumento financiero de la “Innovation Union” y pone a disposición de la iniciativa privada y pública casi 80.000 millones de euros para investigación e innovación entre 2014 y 2020, además de la inversión privada que atraerá a este dinero. Una de las áreas priorizadas en este programa es el sector de salud y biotecnología. Después de la revolución genómica, el sector biomédico se contempla como una de las principales fuentes de innovación para Europa, y por tanto de valor económico para la sociedad, muy importante en los próximos 10 años.

En este contexto, es conveniente poner el foco en dos obstáculos que pueden dificultar el proceso innovador en general y en el área biomédica en particular. El primero es la falta de conexión entre la investigación básica y las necesidades reales del mercado; el segundo, la insuficiente cooperación entre los distintos agentes  que participan en el proceso.

Respecto al primer problema es necesario recordar permanentemente a los investigadores, incluyendo los más básicos, la necesidad de que su investigación tenga  siempre una orientación a las necesidades reales de la sociedad. En el caso de la biomedicina, es importante que los investigadores más básicos entiendan cuáles son las necesidades de los pacientes; dicho de otra manera: cuáles serán las necesidades de los pacientes en el momento en el que su invención, una vez desarrollada, llegue al mercado. El desarrollo de productos biomédicos requiere un tiempo muy prolongado, de años, por lo que es necesario conocer también qué grado de competitividad tiene esa invención respecto a otros productos que pudieran llegar a comercializarse antes. Un investigador, por tanto, debe conocer la necesidad médica real, la competitividad de ese producto respecto otros productos en desarrollo, las dificultades regulatorias y operativas del plan de desarrollo y, por supuesto, las dificultades científico-técnicas inherentes al proyecto. Además, es necesario contemplar, al menos de manera preliminar, la viabilidad financiera del producto y sus necesidades de financiación.

De todo lo anterior se deduce que los investigadores, a la hora de enfocar un plan de investigación orientado a la innovación, deben disponer de información que sin duda supera sus áreas de competencia, por lo que deben disponer –de manera imperiosa-, de cauces de diálogo y colaboración con distintos profesionales de otras áreas: médicos, especialistas en desarrollo de productos, financiadores, reguladores, etc.

Esto nos conduce al segundo punto: la necesidad de trabajar en un sistema de  innovación abierta, una innovación en la que participen grupos multidisciplinares, públicos y privados, de distintas geografías y de perfiles profesionales complementarios, que faciliten que la invención -nuevo conocimiento generado tras el arduo proceso de investigación-, se convierta en innovación, esto es, un producto o servicio que aporte valor a la sociedad. Innovación abierta significa combinar el conocimiento interno con el conocimiento externo para sacar adelante los proyectos de estrategia y de I+D e implica que las empresas utilizan tanto canales internos como externos para desarrollar y comercializar sus productos y tecnologías innovadoras, en un contexto que ofrece nuevas perspectivas a universidades y centros de investigación así como soluciones a las compañías.

ADItech es un excelente catalizador para facilitar esta innovación abierta desde cada uno de sus centros tecnológicos. ADItech tiene como objetivo principal convertirse en un referente europeo y mundial en las tecnologías que incorpora, buscando la diferenciación en campos específicos de excelencia, aunando los intereses industriales y las grandes líneas de investigación trazadas por la Unión Europea para el Horizonte 2020. En el caso del CIMA, participamos en distintos programas del Horizonte 2020 que exigen esta colaboración multidisciplinar en un entorno de innovación abierta. Un ejemplo de colaboración reciente del CIMA es su participación en el proyecto “European Lead Factory”, parte del programa “IMI” (Innovation Medicines Initiative).  Este proyecto es una colaboración público-privada con el objetivo de ofrecer moléculas que sirvan como puntos de partida (“leads”) para el descubrimiento de nuevos fármacos. Ha creado la primera biblioteca europea de compuestos y el primer centro europeo de cribado a disposición de los centros de investigación participantes, para quienes facilitan 500.000 compuestos novedosos y procesos de colaboración con la industria biofarmacéutica. Otra iniciativa de innovación abierta del CIMA es su participación  en el Academic Drug Discovery Consortium (ADDC), donde colabora como centro coordinador para Europa. El objetivo del ADDC es construir una red colaborativa abierta entre un número significativo de universidades y centros de investigación, que permite a  los investigadores trabajar en un entorno colaborativo entre centros académicos y la industria.

Innovación implica aportación de valor a la sociedad. Es necesario que nuestra investigación se oriente a las necesidades reales de la sociedad en entornos de colaboración abierta. En estos objetivos estamos empeñados en ADItech.

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